día 8...
Puerto Cisnes, Villa Amengual

Luego de varios días, al fin estábamos nuevamente frente al mar. El hostal estaba ubicado a una cuadra de la costa, con vista hacia la bahía. Salí a las 11 de la mañana, y salí a recorrer la ciudad: primero la costa, el puerto... y posteriormente, el resto de los lugares. E hice un nuevo intento por encontrar alguien que me pudiera arreglar los cambios de la bici... y preguntando, preguntando, llegué a una casa donde había alguien que arreglaba bicicletas. Y me arregló los cambios, cambiando la piola de los cambios traseros. Ahora pude seguir con todos mis cambios ok, seguí recorriendo la ciudad, y pasé a comer un sandwich como desayuno-almuerzo. Hasta que volví a la plaza principal. Y entré a una especie de gimnasio, donde habían unas señoras que vendían artesanías. Entré y miré un rato, y luego de un intercambio de palabras, me terminaron ofreciendo café y sopaipillas. :) Luego de esa mini colación, decidí partir. Y tomé la carretera hacia la carretera austral. Primero era ripio, luego vendría el pavimento. Y en el camino me encontré por casualidad con el matrimonio de la casa rodante que había conocido en Puyuhuapi, que venían llegando a Puerto Cisnes. Conversamos un rato a la pasada, y yo seguí mi camino. Estaba lloviendo, pero relativamente suave. Era mi primera lluvia del viaje, pero no tuve problemas. Y así, los 30 kilómetros, hasta que llegué a la ruta 7 de la carretera austral. Aquí, me quedaban 148 kilómetros hasta Puerto Aysén. Y por aquí seguimos el camino. Por acá comienza el gran tramo pavimentado de la ruta... así que me envalentoné. El camino, con lluvia, rodeado de bosques y bordeando cerros, con el río Cisnes a un lado.

El camino era particularmente verde, con mucha vegetación a mi alrededor. El paisaje resultaba muy agradable. Hasta que se me hizo de noche, justo cuando me tocó enfrentar una nueva subida fea. Nuevamente haciéndome los ánimos, logré avanzar y subir. Fueron pocos kilómetros, pero subiendo hartos metros. Y a continuación venía Villa Amengual, un pueblito aislado del resto del mundo, donde pasé a dar unas vueltas y averiguar si encontraba alojamiento por ahí. Pero me fué mal, no encontré nada y sólo me hablaron de un camping que había más adelante. Así que seguí mi ruta, primero con una bajada fuerte, y con total oscuridad a mi alrededor. Hasta que llegué al dichoso camping, en las orillas de la laguna de Las Torres. Era un lugar super armado, con espacios techados donde colocar la carpa, hasta con parrilla. Y ahí me quedé.




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