día 14...
Chile-Chico, Puerto Ibañez

Día 14, despertando en Chile Chico. Es bacán la sensación de estar en un lugar como éste, al fin del mundo. Yo siempre tenía en mente a Chile Chico, como un referente de un lugar perdido en Chile... y aquí estábamos. Si bien desperté temprano, recién al mediodía logré salir de la cabaña, como siempre, ordenando mis cosas, revisando los mapas, planeando la ruta. Y me puse a recorrer la ciudad: primero las vistas al lago, recorrí sus calles, pasé al supermercado, y preguntando, averigué de un cerro desde donde se podía tener una vista panorámica de la ciudad. Así que me fuí a buscar esa ruta. Me metí como pude con la bici, siguiendo senderos, hasta que me dí cuenta que había errado la ruta y tuve que abortar. Pero de todas maneras tuve una vista aérea de parte de la ciudad. Pasé, también, por la entrada que sigue el camino hacia Argentina, que estaba a un par de kilómetros de ahí. Después, subí al cerro que está al lado del centro, y ahí si logré una vista panorámica de la ciudad. Y así, me pasé el día recorriendo la ciudad, su costanera, sus calles. Hasta las tres de la tarde, cuando tuve que partir con mis cosas para ir a tomar el transbordo de vuelta a Puerto Ibañez.

Ya en el barco, nuevamente hicimos la ruta sobre el lago General Carrera. Un paisaje muy especial, full de la patagonia. Como siempre, yo, dándome muchas vueltas, tomando fotografías. Hasta que después de dos horas, llegamos a Puerto Ibañez. Al llegar, voy raudo a buscar mi bicicleta, que estaba amarrada a un camión, y me habían advertido que me apurara de sacarla, al llegar. Me bajo del barco, con la bici, y al llegar abajo me pongo a conversar con un turista, alemán, creo. Y en eso aparece la pareja de ingleses, nuevamente, por quinta vez nos encontramos en el camino. Y nos pusimos a conversar los cuatro. Cuando de pronto, me doy cuenta que se me había quedado enchufado mi teléfono celular, que lo tenía cargando. Uff, me devolví a buscarlo y no estaba. En el rato que yo fui a ver la bicicleta, al bajarse la gente del barco, me lo habían sacado... me robaron el teléfono. Al consultar a la gente del barco, me contaron que estaba siendo habitual el robo de pertenencias, teléfonos, notebooks. Otro episodio en mi contra, en el viaje. Luego de buscarlo por todos lados, y preguntarle a todo el mundo a mi alrededor, tuve que dar de baja el teléfono, lo había perdido. Entonces, decidí quedarme en Puerto Ibánez, esperando ver si en la terminal del barco podía aparecer el aparato. Y pasé a un hostal, y busqué donde quedarme. Ahí mismo conseguí comprar otro teléfono celular, uno nuevo que había comprado la hija de la dueña. Y pude tener un teléfono de prepago para comunicarme los días siguientes. Y ahí me quedé. Al rato, salí a visitar a mis amigos ingleses, la pareja, que estaban acampando a 100 metros de donde yo estaba. Y los pillé ya guardados en su carpa, y nos quedamos un rato conversando.




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