día 17...
Bahía Murta, Puerto Río Tranquilo

Al día siguiente, me encontré con la sorpresa de que en el mismo hostal que yo se encontraba la pareja de españoles que había conocido el día anterior. Conversando me entero que llevaban la grosera cifra de 64 mil kilómetros recorridos por el mundo. Es decir, yo con mis casi tres mil kilómetros en el cuerpo era menos que un principiante. Habían andado hasta por el Tíbet. Y bueno, yo tomé desayuno en la casa, con un ambiente muy acogedor. La dueña del lugar era una señora muy amable, y nos quedamos un rato conversando de mi viaje. Hasta que partí, y fuí por una media hora a dar vueltas por el pueblo. Luego, decidí seguir mi camino hacia el sur, y lo que hice fue hacer dedo hasta la carretera. No estaba dispuesto a volver a pasar por el camino de mierda que me había tocado el día anterior.

Ya en la ruta, continuamos con el trayecto. En la salida del pueblo había un tipo haciendo dedo, esperando. Mi próximo destino era Puerto Río Tranquilo, a 24 kilómetros del lugar. Un camino rodeado de ríos, cerros con arbustos típicos de la zona, algunos chochos, y un paisaje bastante abierto, en general. Hasta que me encontré nuevamente con el lago General Carrera. En eso iba, cuando me ocurre un pequeño accidente: se cae hacia atrás, y se desarma completamente, la parrilla trasera. Resultado de los 800 kilómetros de viaje, sin apretar los pernos. Me habían advertido: "ajusta regularmente todos los pernos de la bici". Y lo había hecho, excepto a la parrilla. Uff... tuve que pedir ayuda, y logré que una camioneta me llevara hasta Río Tranquilo.

Al llegar a Río Tranquilo, me instalé en una Copec, y me puse a arreglar la parrilla. Tuve que desarmar y rearmar todo el equipaje. Estuve cerca de dos horas en eso, hasta las 17:30 de la tarde. En ese lugar tenía que visitar uno de los hitos de mi viaje: las Catedrales de Mármol. Y así lo hice, al tomar un tour por el lago. Luego de 20 minutos, llegamos al lugar... increíble. Hice muchas fotos del lugar, nos metimos en las cuevas con el bote. Me tomé fotos, también. De vuelta, el oleaje era para asustarse. Ibamos a toda velocidad, con una oscilación de miedo.

Siendo ya las siete de la tarde, por el tiempo perdido por el incidente de la parrilla, no quería quedarme a pernoctar en Río Tranquilo. Me instalé a hacer dedo para adelantar camino para llegar a Puerto Bertrand, el siguiente hito en la ruta a 65 kilómetros de ahí. Pero luego de una hora, ya por la hora, simplemente no pasaban más camionetas por el lugar. Y tuve que aceptar que me quedaría en Río Tranquilo. Y me fuí a alojar a un hostal, donde me encontré con los chicos chilenos que había conocido el día anterior en la ruta. Yo aproveché de salir a dar vueltas por el pueblo, y finalmente me fuí a guardar al hostal, a eso de la medianoche.




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